Este comentario en dos volúmenes sobre «El profeta», de Gibran, encontrará su lugar en la estantería de todo aquel que ame la verdad y la belleza. Allí donde el poeta nos ofrece destellos de otra dimensión, alejada de la realidad cotidiana, el místico nos trae esa dimensión directamente hasta nuestro umbral. Porque no es solo un poeta, ni solo un místico con experiencia real de aquello con lo que sueña el poeta: es un Maestro iluminado.
El Maestro comienza donde el poeta se ve obligado a terminar. Si Gibran era un arcoíris, el Maestro es el oro al final del arcoíris. Si la visión de Gibran era un hermoso espejismo, el Maestro es el oasis. Si Gibran era una llamada, el Maestro es la respuesta a ella.